
A la gente le gusta estar preparada. Por eso las madres te dicen "no salgas con esa ropa interior sucia, mirá si te pisa un ómnibus y los paramédicos descubren una palometa". No sirve explicarles que si te pisa un ómnibus, poco tendría que preocuparme por el estado de mis calzoncillos, que seguramente resulten cagados o por la impresión o porque muerto a uno se le aflojan los esfínteres.
Después están los que van un paso más, y tienen un búnker preparado para la Tercera Guerra Mundial. Ta, capaz que no es un paso más, sino unos cuantos pasos más. Seguramente hay un montón de ejemplos divertidos en el medio, pero no tengo ganas de ponerme a describirlos. Entren a Wikipedia o algo así.
Esos tipos pretenden sobrevivir a un futuro post apocalíptico comiendo comida enlatada y viviendo en unas cuchetas subterráneas. A mí me encantaría tener el poderío económico como para guardar corned beef, arvejas, algún duraznito en almíbar, patés de variados sabores, aceitunas con ajo (por supuesto) y palmitos, que aunque no me gustan tendría que ingerirlos para seguir con vida.
Pero no puedo, así que relacioné aquella advertencia de mi progenitora ("no andes con los calzones cagados") con la del Apocalipsis y tomé la decisión lógica: empecé a comprar papel higiénico. Cada vez que visitaba el supermercado y podía llevarme un paquetito de rollos, lo hacía. Así fui llenando el placarcito del baño hasta que se vio de la siguiente manera.
Figura 1: Los rollos guardados en el cuartito del baño. El fuera de foco es porque estaba torcido sobre el inodoro con poco espacio para maniobrar y poca paciencia para comprobar que la foto había salido bien.Es cierto, no se ve mucho. Están apretaditos, tampoco iba a dejarlos adentro del bidet; imaginate si dentro de dos años viene gente a casa y quieren usarlo. Esto suponiendo que no estamos en un futuro post-apocalíptico, sino un futuro a secas. Así que todo para adentro del roperito.
Creo que no es justo para ustedes apreciar mi colección de papel higiénico (sí, puedo llamarle colección sin sentirme extravagante, porque estoy seguro de lo que hago) desde esa posición, así que temprano en la tarde saqué los 106 rollos y los desplegué en la escalerita que da al baño, para compartir mi alegría con ustedes.
Figura 2: Los 106 rollos acomodados en la escalerita. Como verán, traté de que la marca del papel se viera lo menos posible, ya que esa empresa no colabora económicamente con el blog y ta, no voy a andar regalando publicidad. Negociemos.Después de sacar la segunda fotografía me di cuenta de que algunos rollos quedaban ocultos detrás de los que los antecedían, y la gente podría pensar que eran todos paquetes de cuatro rollos, cuando la realidad es que son todos de seis, menos los dos de adelante, que compré a suerte de "delicatessen" por si un día, después del fin del mundo, quizás algún 27 de marzo, se me ocurre celebrar mi cumpleaños limpiándome el culo con papel de mejor calidad. El resto no, es del baratillo aunque no el más baratillo.
Así que, una vez que los había guardado, volví a sacarlos y los desplegué en el piso de mi cuarto, para que ustedes puedan contar los 106 rollos (16 paquetes de seis, más dos paquetes de cuatro, más un par que tengo de un paquete abierto. No saqué el que tengo en uso por miedo a olvidarme de devolverlo y encontrarme sin papel la próxima vez que esté haciendo un sundae). Ahí los tienen.
Figura 3: Desplegaditos en el parqué. Aprecien el trabajo que me tomé, llevando todos los paquetes de aquí para allá más de una vez. ¿Cuántos blogs harían eso? ¿Cuántos blogs quedan? ¿En serio? No, es que pensé que el mío era el último.Mientras los afilaba pensé que quizás algún lector con ínfulas de listillo podría pensar que las fotos no son mías. Que no soy el tipo previsor que yo les quiero demostrar. Que robé esas tomas de algún flickr (en serio, ¿cómo se pronuncia?). Así que, para demostrarles que yo no soy ningún loquito, puse como "prueba de vida" mi colección de lapiceras azules. Porque si hay algo que debo tener siempre conmigo es una lapicera. Pienso seguir escribiendo aunque el mundo reviente. Me sobra lápiz y papel.
Figura 4: La prueba de vida. Últimamente estoy enfermo con las que aparecen abajo a la izquierda, que se compran de a pares en el supermercado. No son retráctiles (antes compraba sólo retráctiles) pero tienen un trazo precioso.Hasta la próxima vez que quiera compartir con ustedes alguna otra sana costumbre.


















