sábado, septiembre 26, 2009

Un ph de 106


A la gente le gusta estar preparada. Por eso las madres te dicen "no salgas con esa ropa interior sucia, mirá si te pisa un ómnibus y los paramédicos descubren una palometa". No sirve explicarles que si te pisa un ómnibus, poco tendría que preocuparme por el estado de mis calzoncillos, que seguramente resulten cagados o por la impresión o porque muerto a uno se le aflojan los esfínteres.

Después están los que van un paso más, y tienen un búnker preparado para la Tercera Guerra Mundial. Ta, capaz que no es un paso más, sino unos cuantos pasos más. Seguramente hay un montón de ejemplos divertidos en el medio, pero no tengo ganas de ponerme a describirlos. Entren a Wikipedia o algo así.

Esos tipos pretenden sobrevivir a un futuro post apocalíptico comiendo comida enlatada y viviendo en unas cuchetas subterráneas. A mí me encantaría tener el poderío económico como para guardar corned beef, arvejas, algún duraznito en almíbar, patés de variados sabores, aceitunas con ajo (por supuesto) y palmitos, que aunque no me gustan tendría que ingerirlos para seguir con vida.

Pero no puedo, así que relacioné aquella advertencia de mi progenitora ("no andes con los calzones cagados") con la del Apocalipsis y tomé la decisión lógica: empecé a comprar papel higiénico. Cada vez que visitaba el supermercado y podía llevarme un paquetito de rollos, lo hacía. Así fui llenando el placarcito del baño hasta que se vio de la siguiente manera.

Figura 1: Los rollos guardados en el cuartito del baño. El fuera de foco es porque estaba torcido sobre el inodoro con poco espacio para maniobrar y poca paciencia para comprobar que la foto había salido bien.

Es cierto, no se ve mucho. Están apretaditos, tampoco iba a dejarlos adentro del bidet; imaginate si dentro de dos años viene gente a casa y quieren usarlo. Esto suponiendo que no estamos en un futuro post-apocalíptico, sino un futuro a secas. Así que todo para adentro del roperito.

Creo que no es justo para ustedes apreciar mi colección de papel higiénico (sí, puedo llamarle colección sin sentirme extravagante, porque estoy seguro de lo que hago) desde esa posición, así que temprano en la tarde saqué los 106 rollos y los desplegué en la escalerita que da al baño, para compartir mi alegría con ustedes.

Figura 2: Los 106 rollos acomodados en la escalerita. Como verán, traté de que la marca del papel se viera lo menos posible, ya que esa empresa no colabora económicamente con el blog y ta, no voy a andar regalando publicidad. Negociemos.

Después de sacar la segunda fotografía me di cuenta de que algunos rollos quedaban ocultos detrás de los que los antecedían, y la gente podría pensar que eran todos paquetes de cuatro rollos, cuando la realidad es que son todos de seis, menos los dos de adelante, que compré a suerte de "delicatessen" por si un día, después del fin del mundo, quizás algún 27 de marzo, se me ocurre celebrar mi cumpleaños limpiándome el culo con papel de mejor calidad. El resto no, es del baratillo aunque no el más baratillo.

Así que, una vez que los había guardado, volví a sacarlos y los desplegué en el piso de mi cuarto, para que ustedes puedan contar los 106 rollos (16 paquetes de seis, más dos paquetes de cuatro, más un par que tengo de un paquete abierto. No saqué el que tengo en uso por miedo a olvidarme de devolverlo y encontrarme sin papel la próxima vez que esté haciendo un sundae). Ahí los tienen.

Figura 3: Desplegaditos en el parqué. Aprecien el trabajo que me tomé, llevando todos los paquetes de aquí para allá más de una vez. ¿Cuántos blogs harían eso? ¿Cuántos blogs quedan? ¿En serio? No, es que pensé que el mío era el último.

Mientras los afilaba pensé que quizás algún lector con ínfulas de listillo podría pensar que las fotos no son mías. Que no soy el tipo previsor que yo les quiero demostrar. Que robé esas tomas de algún flickr (en serio, ¿cómo se pronuncia?). Así que, para demostrarles que yo no soy ningún loquito, puse como "prueba de vida" mi colección de lapiceras azules. Porque si hay algo que debo tener siempre conmigo es una lapicera. Pienso seguir escribiendo aunque el mundo reviente. Me sobra lápiz y papel.

Figura 4: La prueba de vida. Últimamente estoy enfermo con las que aparecen abajo a la izquierda, que se compran de a pares en el supermercado. No son retráctiles (antes compraba sólo retráctiles) pero tienen un trazo precioso.

Hasta la próxima vez que quiera compartir con ustedes alguna otra sana costumbre.

martes, septiembre 15, 2009

We remember

El blog también se une a las celebraciones en esta fecha tan trágica...

viernes, septiembre 11, 2009

¡Gloria a Dios!

El propietario de este blog no se hace cargo del contenido que viene a continuación. Simplemente recibió un chequezote en las últimas horas, y cedió el control de este insignificante medio de prensa. Así que adelante, Pastor Canchero.

¡Muchas gracias, hermano! A pedido del público, bueno, en realidad fue una sola persona pero para mí eso ya es público, el Pastor Canchero que soy yo, presenta una selección de lo que ha sucedido hasta el momento en Reporte Descomunal. Lo mejor del deporte en las últimas semanas. Sin Leoncio, gracias a Dios. Comencemos con un repaso del espacio de este lunes...



¡Qué bárbaro! ¡Cuanta verdad! ¡Que guapetón ese muchacho del pelo levantado! No, Leoncio no, el otro. Pero no es mi intención distraerlos de los más importante: el best of del Pastor Canchero, que soy yo, por supuesto. Corre gráfico, comencemos con un producto muy especial para mí. Especial en mi lucha contra Satán.

¡Claro que sí! Cualquiera sabe que el Diablo tiene dos números especiales: el 666 en la quiniela y el 13 en la tómbola, porque solamente son dos cifras. Por eso tenemos esta lotería especial, sin número 13. Nuestras operadoras están esperando tu llamado.

Y si no tienes dinero para comprar todos los fantásticos productos del Pastor Canchero, tenemos, lógicamente, la tarjeta de crédito del Pastor Canchero. No te pedimos ningún papel... Pero tienes que decirnos a qué escuela concurren tus hijos pequeños. Por si las dudas.

Industrias Canchero tiene toda una sección destinada a comprar programas de computadora y descubrir sus códigos, para ofrecer nuestra versión a precios moderados. Como esos perfumes que compras en la feria vecinal. Recuerda: no es ilegal si ellos no se enteran.

Uno de nuestros productos más vendidos es el rebobinador, que permite volver hacia atrás tus VHS antes de devolverlos al club de video. Quedan pocos, así que afilen esas tarjetas y llamen a los números que aparecen en pantalla.

Recibí la llamada de Dios siendo un pequeño, y siempre lucí esta hermosa cabellera. Por eso vendo vinagre para los piojos, testeado sobre el pelaje de nuestros cobayos. Los piojos murieron todos, pero también murió uno de los roedores. Willy, de dos meses y medio.

Este minuto de silencio es para ti, pequeño... ... ¿Ya está? Sigamos, que el tiempo es dinero, y no tengo suficiente tiempo.

Los dejamos con una de las últimas ofertas, de nuestra línea de lujo. Cuidado porque tienden a estallar. Nuestra recomendación es que no los enciendan.

Es hora de irse, quedan aldeas por evangelizar y productos por vender. Mientras tanto pueden ser amigos de Reporte Descomunal en la fantástica comunidad de Facebook (el único inconveniente es que aún no he encontrado la manera de hacer dinero con esto).

También está el canal de YouTube (otro sitio donde lamentablemente es difícil lucrar), donde gracias a Dios hay muchos videillos. Y en el sitio de Montevideo Portal encontrarán decenas de programas COMPLETOS, de principio a fin. No sé por qué se los digo, si no voy a porcentaje de las ganancias.

Retomamos la programación habitual.

miércoles, septiembre 02, 2009

Video-rama para vos, chiquilín

Una cabalgata de información visual y sonora, coordinada para tus sentidos.

1- La banda Tripod interpreta "Comic Shop". Podría ser mejor sin las risas.



2- Auto-Tune the News estrena su octavo envío. Recomendable como siempre.



3- El meme de Hitler comenta la compra de Marvel por parte de Disney. My thoughts exactly.

sábado, agosto 15, 2009

Última historia de bondi con el boleto a $15

Esta es una historia real, ocurrida hace unos minutos en un viaje del 60 con destino a Portones (aunque técnicamente me bajé mucho antes). Sobre la avenida 18 de Julio subió uno de estos cantorcillos populares, veterano de morochura artificial y un peinado con dejos de Cacho Castaña. Luego de una introducción afable, interpretó este hit del transporte capitalino, con noches que languidecen, sombras que renacen y cafetales que vuelven a sentir... algo, no me pregunten qué.

Sonaba apenas mejor que el promedio de los artistas de bus (y mucho mejor que la del viejo mezcla de Gandalf con Papá Noel, cuyas cuerdas vocales son las únicas que pelean en afinación con las de su instrumento). El gitanillo le ponía empeño: hasta se dio el lujo de tamborilear sobre la guitarra.

Yo trataba de leer un libro, excusa perfecta para ignorarlo, ya que muy pocas veces el día me encuentra con ganas de disfrutar de un artista del bus, y en esas contadas ocasiones el tipo no suele entonar temas que me agraden.

Cantó ésta de los cafetales, después otra de aire español, y dio por terminado su pequeño recital. La gente aplaudió. Es importante recalcarlo porque no es algo tan común. Afortunadamente el público uruguayo aprendió a no regalar sus aplausos ni batir las palmas "por defecto", sino que exige un mínimo de entretenimiento al tipo que ocupa un lugar importante en el pasillo. Como siempre, ni me inmuté.

El tintoretto deambuló por la unidad, mendigando como era de esperar. Pero por alguna razón desaprobó la actitud de los pasajeros. Quizás esperaba que comenzaran a masturbarse mientras él les dedicaba aquellos sonetos gloriosos.

-Qué pueblo gris, el uruguayo- dijo. No literalmente, porque no anoté sus palabras. Pero créanme que fue algo muy por el estilo. Igual le dieron monedas.

-Qué tristeza. El hombre llegó a la luna, y el uruguayo...- no escuché el final de la frase. ¿Qué habrá querido decir? ¿"El hombre llegó a la luna y el uruguayo no aplaudió porque es amargo y triste"?

Un final despreciable para alguien que a primera vista venía con ganas de divertirse, pero que alguna miradita lo sacó de quicio. Mire, gitanillo, a mí me tocan públicos menos alegres que otros (ayer, sin ir más lejos, tuve que decirles tres veces que me iba para que me aplaudieran), y no por eso pienso que sean amargos. Ni mucho menos se los digo en la jeta.

Igual dudé por un instante que yo hubiera malinterpretado la situación. Que hubiera sido una fina ironía, o que entendiera mal sus palabras. Pero la intervención del guarda, que se dirigió al conductor del bondi una vez que el tipo estaba en la vereda, despejó todas mis dudas.

-A éste no lo dejes subir más.

Se había hecho justicia.

-No lo dejes subir más. O lo bajo yo- agregó. Por primera vez en el viaje, sonreí.

Actualizado con el identikit del impresentable trovador, dibujado por Nicolás Peruzzo. Ahora ya conocen al enemigo.

miércoles, agosto 05, 2009

La dura vida del standuppero (o standuppista)

La mayoría de las personas creen que hacer stand up es vivir en un mundo de agua mineral de montaña, frutas exóticas y toallas tibias. Tienen algo de razón, pero hay más. El oficio de hacer reir sin más armas que un micrófono y un arsenal de chistes viejos, también tiene sus contratiempos, como muestra el siguiente video.


Que la risa lo acompañe.

sábado, julio 25, 2009

Morón Danga

El destacado humorista Marcos Morón (Los Informantes, Reporte Descomunal, por citar alguna de las oportunidades en que intenté obtener su talento por ósmosis, sin éxito) cumple en el día de hoy sus primeros 35 años. ¡Felicidades!

Esta podría ser una buena oportunidad para recomendar El Faro del Final del Mundo, su espacio de humor en la diaria, que mantiene desde el comienzo de este periódico. Pero Morón ya editó lo mejor de su Faro 2008 en el libro El año que fuimos ricos (¿todavía no lo compraste? Dale, andá, te espero).

Así que voy a utilizar este espacio para recomendar Los Informantes (Diario), el otro espacio de humor de la diaria, que día a día pasa desapercibido, por la sencilla razón de encontrarse exactamente a un costado del Faro. Y no es justo para el equipo de personas que producen esa sección, que en ocasiones incluye al pícaro cumpleañero.

Se adjunta entonces una muestra representativa de estos humildes centímetros cuadrados. La próxima vez que abras una diaria (¿todavía no te suscribiste? Dale, andá, te espero), no te quedes sólo con el Faro. Dale una oportunidad a Los Informantes. No seas un dueño de canal privado cualquiera.

(el uso excesivo de itálicas y negritas fue a propósito. Las imágenes se pueden ampliar)